Ayer vi este clasicazo de los setenta. Sydney Pollack, que venía de rodar una cinta de amor como “Tal como éramos”, da vida a un magnífico guión de Paul Schrader lleno de dolorosos secretos del pasado y espadas samuráis. Es la historia de un viejo soldado americano (Robert Mitchum) que vivió en el Japón ocupado tras la II Guerra Mundial. Cuando un antiguo amigo le pide que regrese de nuevo a Tokio porque su hija pequeña ha sido raptada por la mafia japonesa, Mitchum no se lo piensa dos veces, pero descubre que las cosas no son tan claras como parecen al principio y que allí dejo un montón de cosas sin resolver, las acciones que hizo en su juventud tuvieron una profunda repercusión sin que él se diera cuenta. Volverá a encontrarse con su antigua novia, Eiko, que también a envejecido como él, con el hermano ex-mafioso de su novia, Tanaka Ken, con su hijastra…
Aunque es un thriller con tiene acción y tiroteos, es también un drama donde se habla del choque de culturas, de la amistad, del sentido del honor japonés y de la influencia americana en el país tras ganar la guerra. El reparto es estupendo, Mitchum y Ken Takakura están muy bien como tipos duros, parcos en palabras, pero que arrastran un gran dolor en su interior. La ambientación en las casas de te, los tatuajes, la fotografía…está todo muy cuidado. Escenas como la ceremonia del perdón ha sido mil veces imitada con posterioridad. Muy recomendable.

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